El inmortal personaje de las tiras cómicas y las series animadas, Popeye el marino, cumple 80 años de existencia.
¡Javier tómate la colada! Esta frase de un comercial ochentero quedó inmortalizada en la mente de muchos y se convirtió en un genérico de la réplica de las madres para hacer que sus hijos, más enamorados del postre o el seco, se tomarán la sopa, comieran verduras y dejaran de hacer a un lado el apio, el brócoli o las espinacas al vapor.
Respirando profundo y con el aliciente de que después de las espinacas vendría el helado, o en casos más extremos, tragando sin masticar para pararse de la mesa e ir a ver televisión o jugar con los amigos, bocado a bocado los trozos de la verdura pasaban por la garganta suavizados con una bocanada de jugo que diluía un poco el sabor o la sensación un tanto incómoda al masticarla. Un día, la pelea del almuerzo comenzó a difuminarse. Un personaje salido del televisor se convirtió en un aliado potente de las madres para hacer que sus hijos comieran aquellos alimentos, una nueva frase se hizo potente y un tanto extorsiva “Cómetelas para que seas tan fuerte como Popeye”.
El personaje animado, responsable de que millones de niños alrededor del planeta desarrollaran, cual rumiante, gusto por estas pasturas, está cumpliendo 80 años. Creado el 17 de enero de 1929 por Elzi Crisler Segar, un dibujante californiano amante de las películas de Charles Chaplin, este marinero mal hablado, de barbilla fuerte, anclas tatuadas en los antebrazos y fiel enamorado de la escuálida Olivia conquistó los tabloides y posteriormente la pantallas del mundo durante varias décadas. Entre bosquejos y rayones su llegada al mundo, tuvo sabor a papel co-protagónico. Segar, lo presentó como un personaje secundario en su ‘Thimble Theater’, una historieta que realizaba desde 1919 en New York Journal, en la cual Olivia Olivo, la que fuese posteriormente su novia, el hermano de esta y su novio tenían múltiples aventuras tratando de cazar a una gallina mágica, la cual después de ser capturada y cuidada por el marino le otorgó al mismo fuerza sobrehumana.
Poco a poco, y tras cada episodio, Pop-eye, (ojos saltones) fue cobrando mayor relevancia en la historia, hasta hacerse la suya propia. Papá por correspondencia de Cocoliso, amigo de un bigotón come hamburguesas, tío de Papeye, Pepeye, Pipeye y Pupeye, este musculoso junky de las espinacas pasa peligros inimaginables y se parte la cara con su némesis, Brutus, tratando de sacar de aprietos a su escuálida, narizona y mal humorada mujercita.
Después de la muerte de su creador en 1938, la historieta fue asumida por varios dibujantes y escritores entre los que se encontraban Bud Sagendorf y Boby London, discípulos de Segar, quienes le otorgaron otros ritmos a las narrativas y añadieron o retomaron algunos personajes de la serie original. Su paso por el cine y posteriormente por la televisión hicieron de este chaparro personaje un acompañante perdurable de tardes de ocio o fines de semana en familia; sin embargo, detrás de aquel marino que cantaba y silbaba como su pipa se esconde una serie de oscuras historias y confabulaciones.
Algunos dicen que este héroe de grafito y technicolor se convirtió en 1929, en el año de la gran depresión, en un movilizador de consciencia y en un rehabilitador de la moral americana, además otras lenguas dicen que fue esta historieta la encargada de fortalecer la venta del vegetal, el cual era uno de los productos menos queridos de la canasta familiar estadounidense, tal fue la recuperación que generó en el consumo del mismo que en Crystal City, Texas un pueblo con gran cantidad de cultivos de espinaca se le erigió un busto al personaje animado. Sin embargo, ninguna de estas atribuciones es tan morbosa y quizás ingenua como la que asegura que lo que realmente consumía Popeye para lograr su extraordinaria fuerza no era espinacas sino marihuana, esto, basado en el hecho de que durante los treinta el opiáceo era conocido en el argot popular como ‘spinach’ a la cual se le atribuía la capacidad de generar condiciones sobrenaturales, particularmente una increíble fuerza, entre sus consumidores.
Hoy el tuerto y tierno personaje, ya entrado en años, pelea una de esas batallas que no puede resolver con sus puños de acero, pues los comercializadores de sus tiras cómicas y de sus series televisivas en Europa y Estados Unidos se encuentran en una disputa legal por los derechos de autor, pues las legislaciones en ambos lugares disciernen en los años de muerto que debe tener su autor para que sus derechos sean liberados.
Y así entre amores y rumores como Popeye llega a sus ochenta años con la vitalidad que provee vivir sobre el papel e inmortalizarse en la memoria de tres generaciones que crecieron con sus aventuras.
Juan Pablo Gallón | Shock.com.co
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