Música|
Noviembre 11 de 2008
- Por: Miguel Ruget [miguel@ruidosis.net]
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Míticas son las historias tejidas alrededor de esta banda australiana liderada por los hermanos Angus y Malcom Young. Con treinta y cinco años de carrera y un legado sin
precedentes, AC/DC despierta de un largo
letargo y sacude una vez más al mundo con el seminal sonido de su nuevo
disco, Black Ice.
Marca registrada y atípica de cara a las tendencias que han marcado la historia del entretenimiento, AC/DC no ha necesitado maquillaje ni trajes estrambóticos para sonar por todas partes. Con una estética que raya en la simplicidad harapienta barrio bajera y una apariencia famélica y descuidada, estos feos y desgarbados tipos ni siquiera han usado una pose para estar en la cima del rock, incluso sabiendo que en sus arcas reposa un gran tesoro de regalías de discos y utilidades de giras, en las que no queda ni un solo ticket a la venta.
Muchos de sus dólares los han despilfarrado en bares de mala muerte, ambientados por el inconfundible olor del perfume barato y el humo de cigarrillo que se cuelan por los poros para luego aromatizar el sudor que emana el compás del blues. Amantes de las parrandas, las mujeres de moral y ropas ligeras, poetas del sexo y el Bourbon, fanáticos de Chuck Berry y The Rolling Stones, los hermanos Angus y Malcolm Young han sabido conducir este poderoso tren a lo largo de cuatro décadas sin descarrilarse.
En su primera etapa, desde su fundación en 1973 hasta la trágica muerte del cantante Bon Scott, se dieron a conocer por su contundencia musical, la actitud delincuente de su cantante y el loco frenesí de Angus (el menor de los hermanos, el que interpreta la guitarra vestido de escolar). Con álbumes como High Voltage y Dirty Deeds Done Dirt Cheap, AC/DC rápidamente sedujo a Australia (país natal de la banda), para luego convertirse en un suceso en Inglaterra que incluso llegó a sacudir al templo punk. Con la salida del álbum Let There Be Rock lograron sonar en América y, una vez allí, montaron su puesto de avanzada para luego doblegar al mundo con la autopista de su disco Highway To Hell.
Según la prensa, incitado a cometer sus crímenes por una de las canciones incluidas en el álbum, Night Prowler, hasta el famoso asesino en serie Richard Ramírez dio su empujón a la loca locomotora australiana, que inició su segunda etapa como grupo en 1980 con el icónico álbum Back in Black y el debut del vocalista Brian Johnson (cantante favorito de Scott y poseedor de un timbre de voz tan similar que parecía haber reencarnado tras alguna sesión espiritista de un médium borracho). Ni los rezos ni las manifestaciones de los grupos cristianos y de los fanáticos de The Beatles y Pink Floyd fueron suficientes para evitar que AC/DC los arrollara sin piedad en su carrera hasta el segundo lugar en la lista de los discos más vendidos de todos los géneros, donde Back in Black figura con una facturación de 42 millones de copias y solo es superado por Thriller de Michael Jackson.
Dinosaurios del exceso, en todo este tiempo AC/DC no solo sobrevivió al desastre natural que borró del dial de la radio y de los grandes escenarios a las bandas de hard rock, sino que junto a las nuevas supernovas grunge, creció. AC/DC jamás llegó a considerarse a sí misma como una banda de heavy metal.“Somos una banda de rock and roll”. Ocho años después del lanzamiento de Stiff Upper (su álbum de estudio del año 2000) volvieron a sus raíces más relajadas y cocinaron en su perol un disco soberbiamente influenciado por el blues y el rock and roll, contundentemente endiablado a pesar de usar una fórmula repetitiva de cuatro golpes, ritmo y equilibrio entre lentitud y desenfreno. Otro poderoso trabajo corruptor de almas, contundente y cautivante de principio a fin.
Explorando el Hielo Negro
Cuando en el mes de agosto se estrenó Rock 'N Roll Train, la nueva canción y primer sencillo del nuevo disco de los eternos adolescentes australianos, el mundo convulsionó otra vez, y no era para menos. Tras meses de rumores, por fin se empezó a radiar la nueva canción de AC/DC, que mostraba claramente su buena forma y ese cáustico sonido que los ha mantenido muy ocupados en la industria del rock.
Hoy, Black Ice es una realidad, un álbum pletórico de buenos riffs, de tonadas fiesteras y de estridencia sobrecogedora, que hacen regresar el sonido y la actitud de la banda a los contundentes tiempos del disco Back In Black. Producido por Brendan O'Brien y mezclado por Mike Fraser en los estudios Warehouse en Vancouver, Canadá, este álbum 2008 se volcó al clásico sonido del grupo, y sin coros femeninos ni arreglos orquestales (ni mucho menos trucos de consola), es un Cd puro y sin aditivos rejuvenecedores. Esta pandilla de cincuentones posee la fuente de la eterna juventud.
La descarga de Black Ice comienza con la canción Rock 'N Roll Train y luego da paso a Skies On Fire y Big Jack, un tema tremendo con una onda más rumbera y un gancho envolvente. Sigue un corte auténticamente rock and roll titulado Anything Goes, y luego otra contundente descarga de poder llamada War Machine. Otros temas impactantes son Decibel, Rock and Roll Dream y el homónimo Black Ice.