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6 Discos Volantes de 2008

Disco Volante| Diciembre 22 de 2008 - Por: Daniel Páez Sánchez
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Santogold, la revelación del año.

Nine Inch Nails, Eric Avery, TV On The Radio, The Mars Volta, Santogold y Portishead encabezan el año según este blog.

6. Nine Inch Nails, The Slip (The Null Corporation)
Una de las mayores decepciones que me llevé este año fue la cancelación del concierto de NIN en Bogotá. Y tal vez sea esa nostalgia la que me haga ver tan grande a The Slip, un álbum redundante y sucio, tan adolescente y violento como todo lo que ha hecho Trent Reznor a lo largo de sus 20 años de carrera.

Entre lo mejor de este disco está el que haya sido distribuido completamente gratis en sus versiones digitales: desde un MP3 promedio hasta un audio de altísima calidad (mejor que el de un CD) con un arte excepcional, The Slip permitió a los fanáticos disfrutar “las maravillas de la internet” y dio un paso adelante en la distribución. Claro, Radiohead lo hizo con In Rainbows (2007), pero era un MP3 normal y ya, la edición física costaba la bobadita de 40 libras o se distribuyó una bastante fea a precio de disco cualquiera. En cambio, NIN fue menos codicioso y sólo lanzó una edición física limitada, que incluye un DVD y varios stickers por apenas 20 dólares.

Por la parte musical, el talento del baterista Josh Freese es destacable, con juegos de programaciones de lujo. Como de costumbre, la producción es sorprendente, con un manejo brutal del ruido y esas voces marca registrada de Reznor. Los perfectos coros de “Discipline” y “1.000.000” se contrastan con temas instrumentales y atmósferas que dan una especie de continuación al excelente Year Zero que lanzó el año pasado.

Descárguelo aquí.

5. Eric Avery, Help Wanted (Dangerbird Records)
El bajista inicial de Jane’s Addiction lanzó con Dave Navarro el proyecto Deconstruction en 1994 –con más apoyo de la crítica que del público– y luego se escondió en las sombras con su banda Polarbear y como músico de apoyo de Alanis Morissette y Garbage. Durante un par de años, se rumoró que estaba preparando un álbum en solitario y sólo hasta este último abril se conoció la verdad: el disco se llama Help Wanted y cuenta con la ayudita de personajes como Shirley Manson (de Garbage), Taylor Hawkins (de Foo Fighters) y Flea (de los Red Hot Chili Peppers).

Una oída rápida deja la sensación de ser un trabajo oscuro y lento –quizá comparable con A Perfect Circle, una banda claramente influenciada por Jane’s Addiction y Deconstruction–, pero al escuchar con más detenimiento, Help Wanted descubre instrumentaciones más complejas, con giros rítmicos y letras llenas de paradojas, con una melancolía que sorprende por su madurez. El sencillo “All Remote and No Control”, acompañado por la fuerte “Revolution” y la maravillosa “Philo Beddoe” ponen las estructuras tediosas al servicio del ruido para armar sinfonías delirantes. A lo largo de 12 canciones, este álbum mezcla reminiscencias de bandas tan disímiles como Bauhaus (que también tuvieron un excelente regreso este año) y Butthole Surfers, arriesgándose con largos pasajes instrumentales o discursos hablados para conformar una pieza conmovedora.

Lamentablemente, salvo por la noticia de una presentación de la alineación original de Jane’s Addiction, muy poco se habló de Eric Avery, su voz profunda (en el otro extremo de la de Perry Farrell) y este impresionante debut como solista, convirtiendo a Help Wanted en uno de los trabajos ignorados del año.

Escúchelo aquí.

4. TV On The Radio, Dear Science (4AD / Interscope)
Todos están hablando de TV On The Radio, menos Shock. Para que los lectores no piensen que estamos más preocupados por Britney, la excusa es que Dear Science no ha conseguido aún distribución en Colombia. También quiero aclarar que me gustó más Return to Cookie Mountain, el larga duración de 2006 que los puso a la vanguardia de la música con su combinación de feedback saturado, minimalismo experimental, gospel vicioso y punk romántico. Sin embargo, lo que hace de Dear Science uno de los trabajos más sorprendentes del año –y quizá de la década– es la habilidad de poner toda esa “anormalidad” en un empaque perfectamente pop, sin sentarse en los laureles a repetir fórmulas.

A unos les parecerá que N.E.R.D. o Madonna ya están haciendo álbumes ochenteros y que lo de TVOTR no es más que “basura artistoide de Nueva York”. La cuestión es muchísimo más compleja: las composiciones fluyen entre los linderos del free jazz y el doo-wop con una fachada de electrónica discotequera tan fresca que David Bowie parece estar enfilando su próximo camuflaje hacia allá. Y si bien la banda ha ganado estatus de culto a lo largo de sus 7 años de vida, con Dear Science le da gusto a los oídos acostumbrados a la radio, haciendo melodías más amables que no venden su estilo lo-fi, con falsetes de Motown y las guitarras ruidosas del productor David Andrew Sitek (el genio detrás de las consolas de TVOTR y The Yeah Yeah Yeahs). Los excelentes sencillos “Dancing Choose” y “Golden Age” –perfectamente bailables–, se complementan con “Halfway Home” y “DLZ” –con letras terroríficas– y los 7 tracks restantes –cada uno con su propia personalidad– para exponer una versatilidad a la vez pegajosa e inconfundible; con influencias claras de artistas como Beck y Prince, pero sin sonar como ellos, algo poco frecuente en tiempos en los que Timbaland fabrica el molde y hasta Björk se le acomoda.

Escúchelo aquí.

Y mi ñapa: se rumora que Tunde Adebimpe va a grabar –o está grabando– un álbum a trío con Mike Patton y el rapero Doseone.

3. The Mars Volta, The Bedlam in Goliath (Universal)
Yo mismo me sorprendí al ver que este es el único álbum guitarrero de la lista. No es que hacer música sin mucha electrónica haya dejado de ser interesante sino que este año –a diferencia del pasado– no se vieron joyas “neoclásicas” como el Era Vulgaris (2007) de Queens Of The Stone Age o You in Reverse (2006) de Built To Spill.

En fin, fueron estos viejos conocidos los que superaron al Death Magnetic de Metallica (probablemente su mejor trabajo desde 1988) con canciones extensas, llenas de giros y solos eternos. The Bedlam in Goliath es, quizá, el trabajo más claro de The Mars Volta, pues no sólo usa esa hiperactividad cocainómana que los hizo famosos desde At The Drive In, también crea un concepto alrededor de la demencia –que seguro no les queda muy difícil– y supera los clichés de una disquera como Universal.

Y es eso lo que más sorprende de este manicomio: conseguir aceptación masiva –no sólo un culto alrededor– de un producto completamente anormal e impredecible. La saturación de Bedlam es tan espeluznante, violenta e ilógica que no parece ser la gallina de los huevos de oro; aún así, consigue serlo y poner al público a mirar en dirección hacia sonidos distintos a las insoportables baladitas de Coldplay.

Lástima que el concierto de TMV en Bogotá tuvo tan mal sonido, pero sirvió para confirmar que el virtuosismo también puede ser visceral y abandonar el exhibicionismo al que nos tienen acostumbrados Dream Theater y Joe Satriani. Esta es una banda con un talento y una honestidad que no se veían desde King Crimson, sin sobreactuarse, pero desplegando una música incomparable, que llegó a su cúspide con Bedlam: algo así como una sinfonía wagneriana para cada instrumento (incluyendo a la voz). Pónganle la etiqueta que quieran: esto es rock progresivo, metal, punk o, simplemente, The Mars Volta.

Escúchelo aquí.

2. Santogold, Santogold (Downtown / Atlantic Records)
Después de escuchar a MGMT, The Ting Tings y Midnight Juggernauts, entre otras bandas pop que debutaron en 2008, me sigo quedando con Santogold y su dorado vómito.

Para no repetir lo que ya dije, aquí está mi reseña.

1. Portishead, Third (Island)
Empezando con un discurso en portugués, el tercer álbum de Portishead –por el que tuvimos que esperar más de una década– es uno de los trabajos más bizarros y sorprendentes de la música electrónica. Admito que estoy cansado del fanatismo por Radiohead, Björk y Massive Attack (no que no me gusten las bandas), porque parece que entre más lagrimón suene algo es más “profundo”. También sé que a todo el mundo le gusta Portishead y admira la voz de Beth Gibbons, diciendo cosas como “es tan profunda –y dale con la palabrita– que me hace llorar”. Pero es que es inevitable amar su voz, y Third es la prueba máxima de su calidad.

De arranque, este álbum parece seguir la onda que empezó la banda en Dummy (1994), pero a partir de la segunda canción, “Hunter”, el disco empieza a tomar un rumbo escalofriante, coronado por la tribal “We Carry On”, no tanto por sus melodías tristes como por los ruidos y la instrumentación que generan una verdadera banda sonora de película de ciencia ficción. Sin tantos samples como sus anteriores trabajos, esta vez Portishead se la juega con una producción más limpia y setentera, que resalta los sintetizadores y las guitarras, dándole una atmósfera perfecta a las letras dramáticas y la voz “que me hace llorar” de Gibbons.

Todas las canciones son impecables, pero tal vez el estilo que diferencia y pone por encima a Third se identifica mejor en “Machine Gun”, “Plastic” y “Threads”, en las que la electrónica logra ser bastante orgánica, capaz de romper los estereotipos del trip hop, superando las programaciones para crear un género en sí mismo. Puede sonar exagerado, pero Third es perfecto.

Escúchelo aquí.

Daniel Páez Sánchez | Shock.com.co

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