Mientras un técnico común desde el banquillo grita, se acomoda el peinado, dibuja nuevas estrategias, celebra, salta, regaña, realiza cambios y se anuda la corbata, el alemán Joachim Löw, actual entrenador de su selección, tiene una costumbre más bien particular que ha llamado la atención de las cámaras y los televidentes. El señor de cincuenta años para pasar los nervios prefiere hurgarse la nariz, sacarse un moco, jugar con él un rato y metérselo a la boca. Le gusta saborear la victoria desde todos los puntos de vista.